sábado, 28 de febrero de 2015

El peligro del izquierdismo - Kaczynski.


Resumen traducido de La Sociedad Industrial y Su Futuro Nueva Edición.

La psicología del izquierdismo moderno

Casi todo el mundo estará de acuerdo en que vivimos en una sociedad profundamente trastornada. Una de las manifestaciones más extendidas de la locura del mundo actual es el izquierdismo, así que una discusión de la psicología del izquierdismo puede servir como introducción a la discusión de los problemas de la sociedad moderna en general.

El peligro del izquierdismo

Debido a su necesidad de rebelarse y de pertenecer a un movimiento, los izquierdistas u otras personas de tipos psicológicos similares a menudo se sienten atraídos por movimientos rebeldes o activistas cuyas metas y miembros no son izquierdistas inicialmente. La influencia ejercida por parte de estos tipos de tendencia izquierdista puede fácilmente transformar en izquierdista un movimiento inicialmente no izquierdista, de modo que las metas izquierdistas acaban sustituyendo o desfigurando las metas originales del movimiento. Para evitar que esto le suceda, un movimiento que ensalce la Naturaleza y se oponga a la tecnología debe tomar una postura resueltamente antiizquierdista y debe evitar toda colaboración con izquierdistas. El izquierdismo resulta incompatible a largo plazo con la Naturaleza salvaje, con la libertad humana y con la eliminación de la tecnología moderna.

El izquierdismo es una tendencia totalitaria. Siempre que el izquierdismo alcanza una posición de poder, tiende a invadir hasta el último rincón privado y a hacer que todo pensamiento quede encerrado dentro de los moldes izquierdistas.

La sociedad industrial y su futuro, 2011, Ediciones Isumatag

La Sociedad Industrial y su Futuro : Manifiesto de FC (Unabomber)

12. Aquellos que son más delicados sobre la terminología «políticamente correcta» no son los negros medios habitantes del gueto, inmigrantes asiáticos, mujeres maltratadas o personas imposibilitadas, sino una minoría de activistas, muchos de los cuales no pertenecen a ningún grupo «oprimido», sino que provienen de estratos sociales privilegiados. La corrección política tiene su mayor arraigo entre los profesores de universidad, los cuales tienen empleo seguro con salarios confortables y, la mayoría de ellos, son varones blancos heterosexuales de familias de clase media.

13. Muchos izquierdistas tienen una intensa identificación con los problemas de grupos que tienen una imagen de débiles (mujeres), derrotados (indios americanos), repelentes (homosexuales), o por lo que sea inferiores. Nunca admitirán en su fuero interno que tienen tales sentimientos, pero es precisamente por su visión de estos grupos como inferiores por lo que se identifican con sus problemas. (No sugerimos que las mujeres, los indios, etc., SON inferiores; sólo estamos haciendo un apunte sobre la psicología izquierdista).

14. Las feministas están ansiosamente desesperadas por demostrar que las mujeres son tan fuertes y tan capaces como los hombres. Ellas están claramente machacadas por el miedo de que las mujeres puedan NO ser tan fuertes y capaces como los hombres.

15. Los izquierdistas odian todo lo que tenga una imagen de ser fuerte, bueno y exitoso. Ellos odian América, odian la civilización occidental, odian a los varones blancos, odian la racionalidad. Las razones que dan para odiar occidente, etc. claramente no coinciden con sus motivos reales. DICEN que odian occidente porque es guerrero, imperialista, sexista, etnocéntrico, pero cuando las mismas faltas aparecen en países socialistas o culturas primitivas, encuentran excusas para ellos o, como mucho, lo admiten REFUNFUÑANDO, mientras que señalan (y muchas veces exagerando en exceso) estas faltas cuando aparecen en civilizaciones occidentales. Así, está claro que estas faltas no son los motivos reales para odiar América y occidente: odian América y occidente porque son fuertes y exitosos.


16. Palabras como «autoconfianza», «seguridad en uno mismo», «iniciativa», «empresa», «optimismo», etc. juegan un papel muy pequeño en el vocabulario liberal e izquierdista. El izquierdismo es antiindividualista, es procolectivista. Quieren a la sociedad para resolver las necesidades de todo el mundo por ellos, para cuidar de ellos. No es la clase de personas que tienen un sentido interior de confianza en sus propias habilidades para resolver sus propios problemas y satisfacer sus propias necesidades. El izquierdista es antagonista al concepto de competición porque, interiormente, se siente como un perdedor.

17. Las formas de arte que apelan a los intelectuales del izquierdismo moderno tienden a enfocarse en la sordidez, la derrota y la desesperación o, por otro lado, toman un tono orgiástico, renunciando al control racional, como si no hubiera esperanza de lograr nada a través del cálculo racional y todo lo que ha quedado fuera el sumergirse en la sensación del momento.


La Sociedad Industrial y su Futuro : Manifiesto de FC (Unabomber)

viernes, 27 de febrero de 2015

jueves, 26 de febrero de 2015

ECCLESIA versus IMPERIVM —Templo contra Palacio, o Papa contra César.

Méchant moine, tu m'as tué!
("Malvado monje, ¡me has matado!").
(Enrique III, rey de Francia, al ser apuñalado por el fraile dominico Jacques Clément).

La historiografía indigenista suele dar la idea de una conquista con un frente hispanizador homogéneo y sin fisuras: una etnia europea mala que se impone a una etnia indígena buena. También se tiende a pensar que el clero formaba parte integral de esta insólita maquinaria colonizadora, donde la Iglesia católica y el Estado español cooperaban y conspiraban en contra de los desprecavidos indios para mejor sojuzgarlos. La realidad, sin embargo, fue otra, mucho más compleja. Proponer una teoría de la conspiración según la cual la Iglesia estuvo detrás de la independencia de Hispanoamérica es ir demasiado lejos, y es necesario reconocer que muchos misioneros fueron hombres francamente valientes e idealistas, así como que la religiosidad estaba profundamente implantada en la psique de cualquier español y que muchos miembros del clero fueron prohispánicos, pero lo que sí resulta claro es que la Iglesia no fue una institución monolítica en su lealtad a España, ni impermeable a todo tipo de infiltraciones extranjeras. ¿Podía la Iglesia misma ser considerada una potencia extranjera? La monarquía hispánica lo tenía claro, como veremos enseguida.

Forma parte de la conducta de la Santa Sede el multiplicar los naipes de su baraja para tener más posibilidades de supervivencia en caso de que cambie el viento de la Historia: tener facciones tanto ilustradas como regalistas, papistas, criollas, indígenas, hispanistas, etc., ayudaba a Roma en su estrategia, que tenía muy poco de idealista y mucho de frío pragmatismo adaptativo. Se trataba de diversificar las apuestas y tener siempre un as en la manga. Y si los curas habían podido ser muy efectivos levantando los ánimos españoles contra Napoleón, ¿por qué no podrían ser igualmente efectivos contra los enemigos de la Iglesia al otro lado del charco? De hecho, algunos de los personajes que veremos más abajo habían participado en la Guerra de Independencia española, no por fervor patriótico (ya que traicionaron a España en tiempo récord), sino más bien en defensa de los intereses del Vaticano. Es una época en la que conviene promover la figura del cura-insurgente, al estilo de los mulás y ayatolás de hoy en día, aprovechando el púlpito, la impunidad religiosa, el asilo en sagrado y la plataforma de apoyo y visibilidad de la que disponían para cumplir los siempre nebulosos designios de la Santa Sede.

Y es que la Iglesia era un organismo aparte, que tenía también su propia realidad y veía la hispanización de una forma muy distinta a como la veían los conquistadores. Por un lado, a los organismos globalistas (y la Iglesia es uno de los primeros organismos globalistas de la Historia) siempre les ha interesado la proliferación del tercermundismo y de los bajos fondos, porque los pueblos tercermundistas son más fáciles de comprar y de infiltrar. Los indígenas, desarraigados, descabezados de sus líderes tradicionales, aun confusos y traumatizados por el choque cultural, con sus mejores y más bravos hombres muertos en combate contra el español y sus mujeres a menudo en manos del invasor, eran carne de cañón para la maquinaria reclutadora del "Vaticano, SA", que siempre se ha nutrido de la pobreza, la miseria, la desesperación y la incultura. La Santa Sede era una multinacional en busca de mano de obra barata… en este caso, creyentes baratos. Y la clave nos la da —quién si no— el ya mencionado leyendanegrista hispanófobo fray Bartolomé de las Casas, cuando describe a los indios como "los más simples", "obedientísimos", "delicados, flacos y tiernos", "ovejas mansas" y añade que comen muy frugalmente. Interesantes cualidades para una transnacional pulpoide, deseosa de convertirse en la principal beneficiaria del dumping social y la mano de obra en América. Por el contrario, los españoles son descritos por el cínico y astuto fraile como "lobos y tigres y leones crudelísimos de muchos más días hambrientos", contrastando su ánimo conquistador, sindicalista, conspirador, orgulloso, plusultrista, desafiante, vengativo y sediento de oro con la plácida mansedumbre india. No dejaba de tener gracia que el religioso omitiese que había infinidad de tribus indias extremadamente belicosas, violentas y hostiles.

Por otro lado, los cardenales y obispos de Roma debían ver con inquietud el auge del poder socioeconómico de una nueva casta española basada en la propiedad privada al margen de la Iglesia y de la Corona. La Iglesia quería ser ella la principal encomendera de América, pero, claro está, sin calzarse el morrión y sin empuñar la alabarda, la espada, el arcabuz, la ballesta o el arado. El caso es que detrás de los conquistadores llegó toda una retaguardia de burócratas eclesiásticos, frailes y curas sevillanos, vascos y/o jesuitas, que coaccionaron totalmente la espontaneidad conquistadora natural de los españoles, de tal modo que el clero se adjudicó aquello que (salvo excepciones, como algunas reducciones jesuíticas) no había conquistado. Con el tiempo, los criollos les cogerán manía a los peninsulares en general, viendo a los gachupines o chapetones como advenedizos inexperimentados que, a pesar de no haberse molestado en comprender América, se permitían adjudicarse sus frutos. Los criollos no diferían mucho de los afrikáners, los pied noirs europeos en Argelia y otras vanguardias colonizadoras que se sentían incomprendidas por la metrópoli.

 
Encomendero español maltratando a un indio. La ilustración procede del Códice Kinsborough, mandado compilar por un lord inglés en el Siglo XIX a partir del Códice Mendoza del Siglo XVI —elaborado a su vez por una colaboración entre frailes españoles y escribas de la nobleza azteca. En su día, el virrey de Nueva España mandó este códice a Carlos I, teóricamente para informarle sobre los mexicas (aztecas), y en la práctica para predisponerlo a favor de los indios y en contra de los encomenderos.

Las personalidades eclesiásticas vinculadas a América se dedicaron a inquietar al rey con la posibilidad de que las ambiciones de los encomenderos hiciesen sombra al poder de la Corona y de sus virreyes, para que el Estado recortase todo lo posible el poder de los criollos, a fin de que los eclesiásticos pudiesen ascender —gratis y sin trabajo— en la escala de la sociedad colonial, y ser ellos los encargados de administrar aquellas masas de indios. La Iglesia necesitaba una reforma agraria, una expropiación, que pusiese en sus manos todas las tierras monopolizadas por los criollos. Éste, y no el humanitario, es el verdadero motivo de las Nuevas Leyes y otras disposiciones similares: que tanto la Iglesia como la Corona estaban preocupadas de que surgiese lejos de Europa una casta dirigente étnicamente española, demasiado poderosa y con sus propios intereses regionales al margen de lo dictado desde el Vaticano, Toledo y después Madrid. 

El Vaticano, como Venecia, prefería las ciudades-estado, no las naciones-estado. Tanto Roma como Venecia habían sido enemigas de las concentraciones nacionales e imperiales en suelo europeo desde el Bajo Imperio Romano, manteniendo Italia balcanizada, enfrentándose al Sacro Imperio y maniobrando diplomáticamente para evitar la aparición de grandes Estados. Tras Italia y Alemania, España será víctima de esta misma política; al parecer, el Papado nunca perdonó que una combinación de tropas españolas y alemanas saquease Roma en 1527. El descuartizamiento tanto del Imperio Español como del Sacro Imperio los dividían en unidades mucho más manejables para los mandarines de Roma, que, igual que los venecianos, preferían vérselas con reyezuelos, príncipes y un mapa dividido que proporcionaba un caldo de cultivo perfecto para la intriga, antes que con emperadores y un mapa y un sistema unificados y cerrados.

Gracias a las órdenes monásticas y al clero en general, la Iglesia poseía gran cantidad de individuos totalmente sacrificados, adoctrinados, disciplinados, jerarquizados, estériles y célibes (por ende capaces de consagrar sus energías a otras tareas), académicamente formados, organizados, acostumbrados al trabajo de papeleo, obedientes, austeros (baratos) y dispuestos a ser enviados a la otra punta del planeta si así se les ordenaba. El hecho de que no trabajasen, ni comerciasen, ni guerreasen, les permitía dedicarse íntegramente a labores especulativas. La Iglesia acaparaba su talento y lo organizaba, estructuraba y explotaba, pero no permitía que se reprodujese. El potencial de diplomacia, espionaje, cultura e intriga de todo este aparato multinacional —cuyo comportamiento era equiparable al de una sociedad secreta, una secta, una ONG y un servicio de Inteligencia— era formidable. Varios elementos eclesiásticos resuenan en la historia de Hispanoamérica: frailes dominicos, sacerdotes sevillanos y vascos, misioneros jesuitas… En lo que a órdenes se refiere, los mercedarios y franciscanos desembarcaron en 1493, los dominicos a partir de 1508, agustinos 1533, jesuitas 1566, capuchinos 1646…

Otro asunto que Roma no le perdonaba a España fue que los reyes españoles jamás le permitieran al Vaticano mandar a un nuncio papal (miembro del alto clero, generalmente arzobispo, que ejerce de embajador de la Santa Sede) a las Américas para monitorizar más estrechamente la evangelización de los indios. Ya Fernando el Católico le negó al papa Alejandro VI la posibilidad de establecer un nuncio en las Antillas, y trabajó incansablemente para asegurar que sus sucesores en el trono controlasen la estructura organizativa de la Iglesia en Ultramar. Carlos I logró que toda súplica de los obispos al Papa fuera remitida antes a la Corona, y en 1543 hasta lanzó una real cédula prohibiendo toda "injerencia extranjera" en América, dejando caer, en un revelador guiño, que el Vaticano era considerado una potencia extranjera. Felipe II le negó a Pío V su nunciatura de Indias en 1568 (mismo año de la Junta Magna y las Instrucciones de Toledo, en las que proyecta controlar más a la Iglesia) [17] y de nuevo en 1579, Felipe IV a Urbano VIII en 1629. En 1615, un indio de Perú, Felipe Guamán Poma de Ayala, evidentemente teledirigido por el clero, le proponía a Felipe III varias medidas eclesiásticas, entre ellas el establecimiento de un clero indio y —cómo no— el envío de un nuncio apostólico del Papa. 

La persistente negativa de tantos reyes, de dos dinastías distintas, se debe probablemente a que las embajadas siempre han sido centros de espionaje y subversión y que, en lo que a estos asuntos se refiere, la Iglesia jugaba en otra liga. Los reyes ya tenían bastante con la nunciatura permanente de la Santa Sede en Madrid —a la que no se le permitía entrometerse en los "asuntos americanos". ¿Para qué quería el Vaticano más nuncios en Ultramar si aquellas posesiones pertenecían a un Estado donde ya tenía nunciatura? ¿Pretendía el Vaticano balcanizar el Imperio Español, como había hecho con Italia y con Alemania?

Portugal tampoco dio su brazo a torcer nunca. Las fronteras del vasto Brasil pudieron expandirse mucho más allá de las marcadas por el Tratado de Tordesillas gracias a la iniciativa de los bandeirantes, tenaces conquistadores paramilitares que habían encontrado un porfiado enemigo en las profundidades del continente: la Compañía de Jesús. Lejos de cualquier poder externo, los jesuitas habían armado a los indios guaraníes de las reducciones (misiones) y los habían entrenado militarmente para resistir la expansión portuguesa. Los jesuitas tenían buen motivo para combatir en defensa de aquellas zonas, ya que habían establecido verdaderos complejos agroindustriales y hasta minerales, como las minas de Paramillos de Uspallata (actual Argentina), ricas en plata, plomo y zinc.

El caso es que, con estos precedentes de por medio, la Santa Sede tardará mucho en obtener la golosina de su primera nunciatura papal en Iberoamérica. El nuncio en cuestión, Pietro Ostini, se hará cargo de su puesto en Río de Janeiro. La fecha es tremendamente tardía: 1830, cuando Brasil ya se había desligado de Lisboa. Seis años después, también independizadas las repúblicas hispanoamericanas, el Vaticano logrará al fin colocar en Bogotá a un internuncio (que no nuncio) para toda Hispanoamérica, el obispo Cayetano Baluffi. Los sucesivos avances de Roma en el Nuevo Mundo serán apoyados por grupos ultramontanos, capitaneados por antiguos cabecillas separatistas que velarán también por la restauración de los jesuitas. La Santa Sede conseguirá, por ejemplo, establecer un arzobispado en Buenos Aires en 1866, y un obispado en Montevideo en 1878. En ambos casos, un filojesuita será el máximo responsable.

Otro efecto de las emancipaciones hispanoamericanas fue la supresión de las cofradías religiosas y "guachivales" indígenas, donde el barniz cristiano, aplicado por curas indolentes y de moral cuestionable, apenas si alcanzaba a tapar los rituales y el imaginario colectivo precristianos locales. La brujería, el chamanismo, la escasez de ropa, las referencias a santos y héroes paganos, las juergas, las danzas, la "indecencia", el aguardiente y otras bebidas populares a raudales, incomodaban a la Iglesia. El Vaticano llevaba queriendo suprimir estas cofradías desde, como poco, la publicación de "Descripción geográfico-moral de la diócesis de Goathemala" (1774) por el arzobispo Pedro Cortés y Larraz, pero el objetivo será alcanzado por los procesos desamortizadores y de concentración de tierras de las revoluciones liberales, alcanzando así una mayor cristianización de las comunidades indígenas [18]. El Antiguo Régimen llegaba a su fin, sí, pero no sólo el traído por los españoles, sino también el antiguo régimen indígena. Borrando las señas de identidad de ambos pueblos, se podía producir más fácilmente el mestizaje necesario [19] para globalizar Hispanoamérica. Si bien había fuerzas a las que les interesaba mantener a los indios en su identidad étnica para favorecer la separación racial y establecer un sistema de castas orientado a su explotación laboral (las cofradías no inquietaban a los encomenderos, que las controlaban a través de los caciques), otras fuerzas buscaban igualar a los indios con los blancos para explotarlos a todos por igual…

En un minucioso viaje por la diócesis de Guatemala, el arzobispo Cortés y Larraz resolvió que la causa de la "indecencia" de los indios fuera de misa se hallaba en las cofradías religiosas y guachivales, donde subsistía la idiosincrasia de los tiempos paganos. Solución: suprimirlas —eso sí, con cuidado— para mejor integrar a los indios en la sociedad moderna. Su sueño será cumplido después de la independencia. La otra queja era la pervivencia del sistema de explotación económica que, burlando las Leyes de Indias, tendía a trazar una línea entre los criollos blancos y la población local, frustrando la posibilidad de un rebaño igualitario sometido a Roma.

A la inversa, la Iglesia, perspicaz como de costumbre, nunca accedió a la creación de un Patriarcado de las Indias Occidentales, sin duda recordando los problemas que le había causado el Patriarcado de Constantinopla cinco siglos atrás, cuando el Cisma de Oriente lo convirtió en una nueva iglesia separada de la romana. Fernando el Católico había solicitado el Patriarcado de Indias Occidentales en 1513, pero el Vaticano no cedió. En 1524, Clemente VII accederá a hacer un paripé para Carlos I. Nombrará al arzobispo de Granada como Patriarca de Indias, pero con claras restricciones que le impedían ejercer de tal: el presunto patriarca no tenía jurisdicción en el Nuevo Mundo, no podía cruzar el Atlántico so pena de excomunión, no tenía sujetos dependientes en América, ni tierras, ni podía percibir rentas procedentes de Ultramar, y su sede debía permanecer en Granada. Se trataba un pseudo patriarcado, de papel-cartón. Con ello, Roma conseguía frustrar otro nuevo proyecto de Iglesia Hispánica, evitando que los reyes españoles convirtiesen al patriarca de Indias en un vicario de toda la iglesia americana, a través del cual Madrid acentuaría la independencia del clero americano y tendría bajo su autoridad a toda la estructura eclesiástica del Nuevo Mundo, sin tener que contar con Roma salvo para los asuntos de fe (doctrinales, filosóficos e ideológicos). 

Si bien aquella breva no cayó, donde sí se salió España con la suya fue con la creación de la primera sede episcopal del Nuevo Mundo: la arquidiócesis de Santo Domingo (1511), en tiempos de Carlos I. Esto desvinculaba a la iglesia indiana de la archidiócesis de Sevilla, donde la influencia romana era fuerte.

En la creación de sucesivas arquidiócesis, los reyes siguieron sus propios criterios sin contar con Roma, de modo que la estructura eclesiástica pudo engranarse, integrarse y allá donde se consideró oportuno subordinarse, a las estructuras militares, administrativas y económicas. Del mismo modo, la labor misionera de la Iglesia en América estuvo en buena medida supervisada y monitorizada por el Consejo de Indias (que formaba parte de la corte del rey), por el que debían pasar todas las disposiciones del Vaticano a América y viceversa. Lectura implícita: España estaba poniendo demasiados peros al poder de la Iglesia allende los mares, España quería ser ella quien utilizase a la Iglesia, no viceversa… 

El Siglo XVIII es una época todavía peligrosa para Gran Bretaña. Aunque Holanda ha sido arrinconada como rival, España todavía gobierna un vasto imperio, Francia y España se encuentran gobernadas por una misma dinastía, y a veces cooperan en política exterior (será el caso de Norteamérica, donde tanto España como Francia apoyarán a los revolucionarios de George Washington). Desde Madrid, los Borbones, coincidiendo con una racha particularmente mala de desencuentros con el Vaticano, lucharon denodadamente contra "la doctrina jesuita sobre el origen de la autoridad". Felipe V, primer rey borbón, expulsó de España al nuncio papal en 1709, rompió relaciones con la Santa Sede y animó a los obispos españoles a independizarse de Roma. Probablemente estaban alertados por los casos de los pasados reyes franceses Enrique III (asesinado por un fraile dominico en el Siglo XVI) y Enrique IV (asesinado por los jesuitas en el Siglo XVII), ambos eliminados a instancias del clero, que se oponía a la concentración del poder en manos de un estado nacional francés. Estos regicidios ideológicos habían sentado un inquietante precedente para los que se producirían en Inglaterra bajo Cromwell y de nuevo en Francia durante la revolución francesa. Los reyes españoles no tenían ninguna intención de ser los siguientes en la macabra lista.

Carlos III, regalista convencido y uno de los mejores gobernantes que ha tenido España, comenzó su reinado determinado a recortar el poder del Vaticano en general y de los jesuitas en particular, y caldeó el ambiente promoviendo catecismos en los que se negaba la infalibilidad del Papa. En 1767, en buena parte debido al Motín de Esquilache (promovido por los jesuitas el año anterior), Felipe V expulsó a la Compañía de Jesús de sus dominios (incluyendo América) y al año siguiente prohibió directamente la obra del jesuita Francisco Suárez, una de las piedras angulares de la Escuela de Salamanca, del "derecho de gentes", la protección a los indios, el tiranicidio ideológico y las teorías escolásticas de soberanía popular claramente precursoras de la revolución francesa. Decía el jesuita que "La soberanía no reside en ningún hombre en particular, sino en la colectividad de hombres, o sea, en el pueblo. En efecto, todos los hombres nacen libres y ninguno posee naturalmente jurisdicción política sobre otro". Con ello, aniquilaba toda noción de orden jerárquico.

Las órdenes religiosas constituían verdaderas multinacionales, a medio camino entre los servicios de Inteligencia, las ONGs, los círculos de estudios académicos, la banca y la gran empresa. El hecho de que existiesen varias ayudaba a diversificar los naipes en la baraja de la Iglesia y favorecía que compitiesen entre ellas para ser las favoritas de la Santa Sede y así obtener el favor papal y más poder. De los jesuitas, dirá Napoleón que se trata de una organización militar y no religiosa.
Primera fila: franciscanos (también capuchinos), mercedarios, dominicos, jesuitas (Compañía de Jesús).
Segunda fila: agustinos, San Juan de Dios, carmelitas.


La monarquía hispánica había conseguido obtener un alto grado de control sobre la Iglesia en Ultramar gracias al Patronato Real, una institución de tiempos de Carlos I, en virtud de la cual los reyes nombraban a los principales jerarcas del clero en América, percibían los diezmos en vez de Roma, etc. A cambio, los clérigos debían limitarse a actuar como correa de transmisión de la hispanización del continente, enseñar oficios modernos a los indios y predicar la sumisión a Castilla. En época de las luchas separatistas, esto determinó que el alto clero fuese razonablemente fiel a Madrid (por ejemplo, a raíz de la insurgencia hispanófoba, no hubo obispo en la diócesis de Buenos Aires durante 18 años), mientras que el bajo clero —pleno de criollos desafectos, criptojesuitas y agitadores en contacto directo con las masas indias, y generalmente más fieles a Roma que a Madrid— mezcló en un extraño refrito las teorías francesas ilustradas con las jesuíticas para justificar sus revoluciones. El "pacto social" de Tomás de Aquino se confundió con el "contrato social" de Rousseau, mientras que el "derecho de gentes" de Francisco Suárez se mezcló con la "Declaración de Derechos del Hombre" predicada por los guillotinacuellos y ensartacabezas de la Place de la Concorde. En parte era de esperar, ya que en los dos últimos siglos, en las universidades americanas predominaban las cátedras de Filosofía, Teología y Derecho (las ciencias sólo estarán tímidamente representadas por Medicina y Matemáticas, y sólo en algunas facultades), donde las doctrinas de la Escuela de Salamanca, los jesuitas y los ilustrados franceses se amalgamaban por pura simpatía. En dichas universidades, bajo la hegemonía cultural, académica e intelectual jesuítica, se formaba lo más granado de la juventud criolla. Estando las facultades totalmente controladas por el clero, sorprende que hubieran podido filtrarse ideas ilustradas sin la aquiescencia de éste.

Cuando llegó el momento, el catolicismo no fue ajeno a la "liberación" del continente. Las independencias hispanoamericanas están trufadas de simbología religiosa, profesiones de fe católica en las constituciones, banderas con imágenes de la Virgen, invocaciones a tal o cual santo, procesiones tras la toma de las plazas, campanas repicando tras batallas ganadas y catecismos hispanófobos y republicanos de aroma jesuítico. Existen también ejemplos humanos muy claros de agentes eclesiásticos trabajando para carcomer la arquitectura imperial de España en el Nuevo Mundo, la mayor parte de ellos educados en colegios jesuitas.

En la tierna fecha de 1797 ya tenemos en Nueva España al monje franciscano Juan Ramírez de Arellano, resuelto defensor de los indios, encarcelado por la Inquisición por llamar tiranos a todos los reyes del mundo y declarar que los enciclopedistas franceses eran los salvadores del "género humano", agregando que Voltaire era el Papa del siglo —todo lo cual no le impedirá llegar a obispo de Guatemala. Tuvieron su papel también los curas-revolucionarios José María Morelos, Mariano Matamoros, José Guadalupe Salto, el fraile carmelita Gregorio de la Concepción y Miguel Hidalgo y Costilla. Poco antes, se había publicado el "Itinerario para pueblos para párrocos de indios" —un libreto jesuita en el que se explica que "los clérigos pueden tomar las armas lícitamente cuando hay alguna grave necesidad en utilidad grande de la república". Ensalzar la igualdad y hablar de "nuestra santa revolución" no salvó al cura Miguel Hidalgo de la ironía de ser decapitado por un indígena tarahumara prohispano. También en México encontramos a Juan de Villeras, Luis Herrera (ambos de la orden de San Juan de Dios y partícipes en la insurgencia de San Luis Potosí) y al presbítero Juan Pastor Morales —profesor de seminario conciliar que aprobó la decapitación de Luís XVI en Francia y animó a hacer lo mismo con el Rey de España. 

El caso del dominico novohispano Servando Teresa de Mier resalta mucho por su cariz indigenista y anglófilo. Este fraile, pastor de indios, asimiló Quetzalcoatl a Santo Tomé y Tonantzin con la Virgen de Guadalupe. Con ello pretendía demostrar inverosímilmente que los mexicas ya eran cristianos antes de la hispanización, y reclutar seguidores entre las masas locales de indios. Después de jugar al gato y al ratón con las autoridades españolas y la Inquisición, el religioso abrió una academia de idiomas en París con Simón Rodríguez (profesor de Simón Bolívar). Tras haber convertido a dos rabinos judíos al catolicismo, fue hecho prelado del mismísimo Papa. Durante la Guerra de Independencia española, trabajará con el general británico Blake y participará en la Logia Lautaro, que ya tenía sedes en Cádiz, Londres y Baltimore. En Londres, colaborará con la publicación "El español", que apoyaba a las insurgencias hispanófobas. El padre Cuevas, en fin, estimó en 6.000 los clérigos que participaron en la insurgencia antiespañola, de un total de 8.000 personal eclesiástico para todo México. El predominio tan descarado de individuos étnicamente españoles en el movimiento independentista mexicano llevó al historiador Ernest Gruening a escribir que la independencia mexicana "resultó ser un negocio perfectamente hispánico, entre europeos y gentes nacidas en América... una lucha política dentro de la misma clase reinante".

Fray Servando Teresa de Mier.

En el ámbito rioplatense (aproximadamente actuales Argentina, Paraguay, Uruguay y parte de Bolivia), las Actas Capitulares de Buenos Aires fueron firmadas por 26 sacerdotes, entre otros. Encontramos aquí al cura Gregorio Funes, fray José Benito Monterroso, fray Cayetano José Rodríguez, de los franciscanos, Pedro Ignacio de Catro Barros, el dominicano Justo Santamaría de Oro (que ayudó a canalizar la correspondencia secreta de San Martín), Luís José de Chorroarín y Juan Ignacio Gorriti.

En el Virreinato de Perú (actuales Perú-Chile) tampoco faltaron los curas hispanófobos, como Francisco Javier Luna Pizarro, Camilo Henríquez (fan de la "ilustración universal" que consideraba que los tres siglos del Imperio fueron "de infamia y de llanto") o el fraile franciscano Antonio Orihuela, que había proclamado "Borrad si es posible, del número de los vivientes a esos seres malvados que se oponen a vuestra dicha, y levantad sobre sus ruinas un monumento eterno a la igualdad". Frase que hubiera podido firmar el mismísimo Robespierre. La Ilustración, el cinismo eclesiástico, el hedor jesuítico, el imperialismo británico, el comercio internacional y el pseudocomunismo se mezclan a partes iguales.

En zona novogranadina (grosso modo actuales Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá) se destacaron el obispo José de Cuero y Caicedo —ex alumno de los jesuitas—, Juan Fernández de Sotomayor, Andrés María Rosillo (que llegó a ser encarcelado con otros 200 sacerdotes) y el cura José Cortés Madariaga, que propuso la igualdad social absoluta, la abolición de la esclavitud y la redistribución de tierras. En el acta de independencia de Colombia del 20 de Julio de 1810, un tercio de los firmantes fueron sacerdotes.

En zona salvadoreña, tenemos a los sacerdotes José Matías Delgado y Nicolás Aguilar, primos hermanos que fueron próceres de las Provincias Unidas del Centro de América, una entidad territorial destinada a la yugoslavización. Con capital en Guatemala, este engendro geopolítico se separó de la antigua Nueva España, abarcando todo lo que hay entre las actuales México y Panamá. En Costa Rica, el sacerdote y diputado Florencio de Castillo, una vez promulgada la constitución española de 1812, denunció el repartimiento de indios… por su incompatibilidad con los principios liberales.

Puede que sea algo arriesgado afirmar, con Jorge Tadeo Lozano, que la yugoslavización del Imperio Español fue una "revolución clerical", pero lo que está claro es que el bajo clero (menos sometido al Patronato pero también menos comprometedor para la Santa Sede) tuvo un papel estelar en el proceso, junto con la Masonería, las oligarquías criollas y los intereses estratégicos y comerciales de los rivales del Imperio Español.

El clero y la balcanización de Hispanoamérica. La mayoría de estos hombres no tenían una gota de sangre india.
Primera fila: Andrés María Rosillo, Camilo Henríquez, Francisco Javier Luna Pizarro, Juan de Mariana.
Segunda fila: José Cuero y Caicedo, José Cortez de Madariaga, Juan Ignacio Gorriti, Justo Santamaría de Oro.
Tercera fila: Juan Ramírez de Arellano, Juan Fernández de Sotomayor, Mariano Matamoros, Miguel Hidalgo.

La balcanización de España a manos del Vaticano no se detendría aquí. Podrá verse de nuevo en las Guerras Carlistas y en las pésimas relaciones que el franquismo mantuvo con la Santa Sede, con Arias Navarro considerando que la Curia romana era "gentuza que odia a España". Podrá verse en el apoyo, de matriz jesuítica, que tuvo siempre el nacionalismo vasco en la Iglesia, en los obispos catalanistas, en el asilo que prestaban las iglesias a los manifestantes izquierdistas o en los curas obreros posconciliares que, en la época de furor de la Teología de la Liberación y la protestantización del discurso y del ritual católico, guitarra en mano (lo del instrumento musical ya había sido empleado con éxito durante la evangelización de América), constituían la principal referencia de estudiantes desnortados y vagamente izquierdistas. Y lo seguimos viendo en el apoyo abierto que Roma brinda hoy a la implantación y multiplicación del tercermundismo en España, con ONGs como Cáritas marcando el camino. Si bien esto no puede constituir un ataque contra la fe católica o las tradiciones religiosas, es innegable que la multifacética Iglesia ha tenido corrientes que han obrado entusiastamente en contra de la idea de España como nación, así como de los grandes bloques geopolíticos occidentales en general y europeos en particular.



[17] "El Tercer Concilio Limense y la aculturación de indígenas 
sudamericanos" (Franceso Leonardo Lisi).

[18] "La cofradía indígena: reducto cultural de los mayas" (Flavio Rojas Lima).

[19] A principios del Siglo XVI, Nicolás de Ovando ya propuso el mestizaje como forma de hispanización. El primer presidente de Paraguay, José Gaspar Rodríguez de Francia, llegó a prohibir en 1814 los matrimonios entre españoles étnicos. Rómulo Gallegos, presidente de Venezuela, también consideraba que, para erradicar las identidades de mantuanos e indígenas, debían fomentarse los matrimonios mixtos. En el extremo opuesto, tenemos al dictador de la República Dominicana Rafael Leónidas Trujillo, empeñado en "blanquear" o "refinar" la "raza" del país. Para ello, fomentó la inmigración de judíos franceses, exiliados republicanos españoles, italianos, eurodescendientes de otros países iberoamericanos y hasta campesinos japoneses. Su objetivo era frenar la haitización de su país. Sus políticas antinegras culminaron con atrocidades como la Masacre del Perejil (1937).


EXTRACTO: 


http://europasoberana.blogspot.com.es/2015/02/globalistan-construyendo-el.html

martes, 24 de febrero de 2015

Contra el victimismo hispanófobo y leyendanegrista.

Una máxima lógica reza que deben transcurrir al menos 80 años para que un acontecimiento histórico pueda estudiarse con un mínimo de objetividad y sin pasiones subjetivas de por medio. Ocurre sin embargo que ciertos acontecimientos históricos involucran intereses tan complejos e importantes que no conviene a dichos intereses que alguien deshaga el nudo. En este sentido, la historiografía indigenista pseudobolivariana ha puesto su grano de arena para evitar a toda cosa, que el hispanoamericano moderno sea capaz algún día de estudiar su propia historia con el mismo desapasionamiento con el que un español estudiaría las invasiones celtas de Iberia, la conquista de Hispania por los romanos o la ocupación napoleónica. Contra la historiografía de la mentira, el victimismo, el llanto y el resentimiento, no cabe más que oponer la realidad fría y descarnada.

Los españoles nos robaron el oro, por eso Hispanoamérica es pobre. La riqueza de las naciones no es el oro, sino, como reconocía Adam Smith, el trabajo. El esfuerzo. Lo demuestra el hecho de que, cuando el oro y la plata saturaron el circuito monetario europeo, se produjo una enorme inflación y la consiguiente devaluación monetaria, porque había aumentado la cantidad de dinero, pero no la cantidad de riqueza real. En cualquier caso, puesto que el oro español fue robado por los romanos primero y por los soviéticos después, aquellos bolivarianos y/o indigenistas resentidos harían bien en pedir oro al Vaticano y a los gobiernos italiano y ruso. O a los mismos descendientes de los incas, ya que la aristocracia incaica expolió completamente los metales de las zonas de las tribus dominadas, en minas como Ccolque Porco y Andaccaba (Bolivia). Y ya que, en virtud del comercio mundial, la plata acabó fluyendo hacia donde realmente estaba la riqueza (Italia, Flandes, el Imperio Otomano, Persia, India y China), los bolivarianos estarían bien aconsejados de pedirles la plata a los Estados herederos. También sería buena idea reclamar plata a los británicos, chilenos y a los mismos bolivianos, a cuento de las explotaciones argentíferas que la Compañía Minera de Huanchaca de Bolivia, levantada con capitales de estos países, mantuvo en las minas de Pulacayo y Oruro a finales del Siglo XIX.

En lo que se refiere a la plata, la cantidad extraída de América desde la conquista española hasta la emancipación, fue de 80 mil toneladas, que recorrían el largo camino desde minas como Potosí [31] y Oruro (Bolivia), Zacatecas, Guanajuato y San Luís de Potosí (México) y Cerro de Yauricocha (Perú) hasta los mercados europeos. Ocurre que la producción argentífera de México fue de 2,7 mil toneladas en el 2002. Es decir, en un solo año, México produce más plata que todo el continente americano en una década en tiempos del Imperio.

En cuanto al oro, en 2007, Perú tuvo una extracción industrial de 170 toneladas, es decir, más que las 154 toneladas extraídas por España en todo el Siglo XVI. En dos o tres años, Perú extrae oro de sobra como para superar el hueco dejado por la explotación española. La producción aurífera anual de México equivale a toda la plata que España extrajo durante la época del Imperio. Entre 1503 y 1660 llegaron a Sevilla 185 toneladas de oro y 16 mil toneladas de plata.

A esto añadamos que por ejemplo, de los impuestos sobre la extracción de los metales, se daba a España sólo el 20% (el Quinto Real) y que, de las riquezas novohispanas, llegaban a Cádiz un 30% teórico, en la práctica menos (a menudo hasta la mitad de la plata que llegaba en los barcos se quedaba sin registrar). El resto se dilapidaba en contrabandos irregulares (a China o Filipinas) o se quedaba en Nueva España, que en la época era una potencia económica de entidad internacional, con una fortaleza monetaria tan irresistible que su moneda, el Real de a Ocho, era la principal divisa comercial del mundo y circulaba desde Vietnam, China y Japón hasta las naciones bálticas, Rusia, el Imperio Otomano y Persia.

Donde sí se le puede recriminar a los conquistadores su conducta metalífera es en el saqueo de joyas y ornamentos de oro y plata y su fundición para producir lingotes, bárbara destrucción de un patrimonio artístico de un valor que estaba muy por encima del precio del metal en sí; pero por desgracia la codicia y el saqueo de las riquezas minerales de la Tierra están completamente a la orden del día en la Historia.

El caso es que la aplicación del principio demagógico de "devolvednos lo que os dimos", pero en sentido inverso, nos aterrizaría en la posibilidad de que los indigenistas tuviesen que devolvernos las catedrales, iglesias, universidades y cultura que trajeron y levantaron los españoles. También tendrían que renunciar a su idioma, nombres y apellidos, generalmente europeos, y volver a adoptar el modus vivendi que tenían en época precolombina. Además de devolvernos los caballos, los cerdos, las vacas y los toros, las ovejas, los plátanos, la caña de azúcar, varias frutas cítricas, el trigo y otros cereales…

La conquista española triunfó gracias a las nuevas enfermedades que traían los europeos, para las cuales los indios no estaban adaptados. También los españoles tuvieron que vérselas con enfermedades tropicales desconocidas por ellos y para las cuales no tenían anticuerpos. Las muertes por fiebres tropicales abundaron más que escasearon.

Los españoles fueron brutales en su conquista de América. Los españoles no fueron más brutales con los indios de lo que los indios lo eran entre ellos mismos en sus conflictos internos. Lo que los españoles hicieron con los aztecas no fue más duro que lo que los aztecas habían hecho con los tlaxcaltecas o los incas con los cañaris —del mismo modo que, en el Norte, lo que hicieron los Rangers de Texas con los comanche no fue tan duro como lo que los comanche ya habían hecho con los apache, los tonkawa y los mismos colonos europeos. Todos los protagonistas fueron brutales porque vivieron una época brutal, que no puede juzgarse cómodamente a través del prisma rosa del Siglo XXI. Dicho sea de paso, aquel era un tiempo donde no era brutal quien quería, sino quien podía. 

Es cierto que en aquella época, las posibilidades de control social eran mucho menores que las de ahora, por lo que, a pesar de la promulgación de leyes protegiendo a los indios, se cometieron abusos. No obstante, no tenemos noticias de que los españoles capturasen a cientos de miles de indios para llevarlos a lo alto de una pirámide donde les sacaban el corazón, los despeñaban por las escaleras y luego se los comían, como hacía la aristocracia azteca. Tampoco tenemos noticias de que los españoles enterrasen vivas sistemáticamente a todas las primogénitas recién nacidas, como hacen ciertas tribus del Amazonas. Y la situación del encomendado indio no era mucho más dura que la del campesino europeo feudal, ni era mucho más déspota el español para con sus siervos indios que lo que lo habían sido las realezas inca o azteca.

Aquella imagen de los conquistadores internándose en la selva para llevar a cabo un genocidio de indios, debe ser desterrada. Incluso campañas posteriores a la emancipación, como la argentina conquista del desierto, deben ser puestas bajo la lupa, ya que en este caso, los indios de las pampas (mapuche y tehuelches) llevaban a cabo incursiones a cientos de kilómetros de sus territorios para atacar los poblados de los colonos, donde mataban, saqueaban y robaban cientos de miles de cabezas de ganado, llegando a incendiar pueblos de la provincia de Buenos Aires. En este contexto, las campañas militares del presidente Rosas y del general Roca no se diferencian demasiado de las del general Custer en Estados Unidos, protegiendo las caravanas de los colonos contra las atrocidades de los indios. Lo que sí puede considerarse como un genocidio premeditado es el llevado a cabo por Julius Popper y otros cazadores de origen judío y anglo, que recibían una cantidad de dinero por cada par de orejas, testículos o cabeza de indio, en sus fechorías contra los ona (o selknam) de Tierra del Fuego. Incluso este genocidio tuvo lugar décadas después de la independencia de Argentina y muchos de sus principales culpables ni siquiera tenían apellidos españoles. Es el caso de Mauricio Braun, Peter H. McClelland, Rodolfo Stubenrauch, Alexander A. Cameron y otros directivos de la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego, por no mencionar al mismo Popper, judío étnico procedente del Imperio Otomano. También se podría mencionar la limpieza étnica de indios yaquis en Sonora (México) a principios del Siglo XX, para poder vender sus ricas tierras a los mejores postores, que resultaron ser capitalistas estadounidenses.

La conquista española triunfó sólo gracias a las armas de fuego y el acero que traían los europeos. Lo primero, la tecnología no es un regalo del cielo; los europeos tuvimos que crearla antes de poder usarla. Cualquiera podía apretar un gatillo, pero hizo falta un genio europeo para inventar el arcabuz. Por ende, la superioridad tecnológica también hubo que conquistarla y también fue fruto del esfuerzo y el ingenio de los europeos. 

Lo segundo, buena parte de la superioridad tecnológica de los españoles quedó anulada en América. En el Siglo XVI, las armas de fuego no eran todavía fiables. El arcabuz era una buena idea cuando se empleaba en filas cerradas de tiradores, contra formaciones enemigas compactas y acorazadas de infantería y caballería, pero en el combate esquivo y disperso de las selvas americanas, contra un enemigo sin armaduras, su efecto se desperdiciaba. Un tirador de arcabuz tenía solo 12 disparos (los "doce apóstoles"), de los cuales, tras diez, era necesario limpiar el arma por dentro para despejar los residuos. El tiempo de recarga para un tirador profesional era de 60 segundos, mientras que uno menos instruido podía tardar varios minutos. Por cada tiro de arcabuz de un español veterano, el indio era capaz de lanzar 20 flechas. En un enfrentamiento típico, el arcabucero rara vez realizaba más de dos disparos. A esto se añade que el arma no funcionaba más de la mitad de las veces (la lluvia o el viento podían determinar que la pólvora no prendiese o que la deflagración no se comunicase al cañón), que su alcance efectivo de 50 metros era irrisorio, que para fabricarlo era necesaria una maquinaria industrial muy específica que lo hacía de precio prohibitivo (Hernán Cortés llevó 13 y Pizarro sólo tenía 20; a los dos meses no solía quedar ni uno operativo), que prepararlo para el combate llevaba 5 minutos, que la más mínima humedad inutilizaba la pólvora y que una vez que se acababan las "balas" (rudimentarias bolas de plomo) no se podían fabricar más por falta de azufre. 

Es probable que, en América, el efecto psicológico de los "palos de fuego" fuera importante (ruido, fogonazo, humo, heridas que los indios nunca habían visto, muerte a menudo rápida o instantánea) en los primeros tiempos, pero no una vez que los indios se acostumbraron. Como armamento ofensivo, la alabarda y la espada de Toledo tuvieron un protagonismo mucho mayor que el arcabuz. También el caballo ayudó mucho, aunque en la selva no era muy útil y en la conquista inicial había pocos: Hernán Cortés sólo llevó 32, Pizarro 37. Estos números risibles no explican por sí solos la victoria de 168 españoles sobre 30.000 incas.

Las armas blancas todavía eran muy utilizadas en la época del Imperio Español y reflejaban la forma de hacer la guerra. En la imagen, dos armas que vivieron entre la espada medieval y el sable de a partir del Siglo XVIII. Izquierda: Siglo XVI, los primeros conquistadores españoles iban armados con espadas similares. Derecha: Siglo XVII, para entonces, las armaduras se estaban empezando a volver obsoletas por la potencia de las armas de fuego, y las espadas más valoradas son ligeras, rápidas y precisas.


La ballesta era un arma formidable (la Iglesia llegó a prohibirla en la Edad Media); potente y precisa, llegaba a atravesar armaduras, pero su tiempo de recarga era también largo y tendió a quedar obsoleta en la década de 1530. Si bien su alcance y potencia eran mayores que los de un arco, esto no suponía gran ventaja en un entorno cerrado y de distancias cortas como la selva, ni contra un enemigo que combatía sin coraza. Hernán Cortés llevó sólo 32 consigo.

El cañón también era un arma formidable pero, de nuevo, sólo resultaba "rentable" a la hora de bombardear embarcaciones, formaciones muy compactas o fortalezas de piedra, al estilo europeo. En distancias muy cortas, podía ser muy efectivo si se cargaba directamente con metralla, pero de nuevo, se precisaba de un grupo enemigo nutrido y compacto para hacer buen efecto. Hernán Cortés sólo llevo diez cañones de bronce consigo.

En cuanto a las armaduras, podían ser eficaces contra algunas armas blancas aztecas y sus puntas de piedra; también tenían un efecto psicológico e intimidatorio importante, pero con una humedad ambiental del 95% y una temperatura de 35º a la sombra, se convertían en ollas a presión que cocían vivo a su portador y que para colmo, al oxidarse, le podían transmitir enfermedades infecciosas como el tétanos. De ahí que los españoles se protegieran más con lino, gambesones y cuero que con metal. La imagen de los conquistadores cubiertos de acero puede resultar muy fotogénica y épica, pero fue menos frecuente de lo que nos han hecho creer.

Todo esto determinó el empleo, por parte de los españoles, de numerosos auxiliares indígenas, que constituían el grueso de sus fuerzas, y que incluso en pleno Siglo XVIII, los españoles todavía utilizaran tropas auxiliares indígenas armadas con arcos y flechas.

A esto sumemos que la mayoría de los conquistadores no eran soldados profesionales, ya que las mejores tropas españolas iban generalmente a luchar en las guerras europeas contra el turco y el hereje. En la conquista de América nunca hubo un tercio de infantería española como los que combatían en Flandes o el Mediterráneo, y las guarniciones militares fueron siempre muy reducidas hasta la época de las guerras de independencia. 

La conquista española tiene la culpa de que Hispanoamérica esté subdesarrollada. Hubiera sido mejor una conquista británica, francesa u holandesa. Lo primero que hay que dejar claro es que, en el momento de la independencia, los virreinatos hispanoamericanos estaban mucho más desarrollados que Estados Unidos y las colonias británicas, francesas y holandesas. A aquellos que culpan a España del subdesarrollo hispanoamericano y se lamentan de no haber sido conquistados por otras potencias, les vendría bien recordar que partes de Italia, Francia, Suiza, Alemania, Austria, Chequia, Eslovaquia, Hungría, Eslovenia, Croacia, Polonia, Holanda, Bélgica, Estados Unidos, Bahréin y Macao también formaron parte del Imperio Español y son hoy regiones materialmente desarrolladas. Y que, en cambio, Nigeria, Jamaica, Malawi, Zambia, Sudán, Pakistán y Bangladesh formaron parte del Imperio Británico, siendo hoy naciones tercermundistas. Son los pueblos los que marcan las posibilidades de su propio desarrollo. 

Por otro lado, hay que recordar también que los colonos anglogermanos llevaron al cabo una agresiva política de limpieza étnica para con los indígenas norteamericanos, de tal forma que casi los extinguieron. El sentido de la exclusividad racial de los protestantes era tan acentuado que durante años hasta rechazaron jóvenes indias ofrecidas por los jefes locales para estrechar relaciones, a pesar de que en las primeras colonias inglesas apenas había mujeres. Para cuando se dio el "novedoso" caso Pocahontas, los españoles llevaban un siglo mezclándose con la población indígena con bastante liberalidad. De haber sido conquistada por otras potencias, Iberoamérica sería una esfera mucho menos indígena y mestiza de lo que lo es hoy. 

Tampoco hay que olvidar que la España del Siglo XVI era líder en ingeniería naval y minera, navegación, cartografía, geología, geografía, antropología, ciencias naturales, teoría económica, Derecho, estudios lingüísticos, filosofía, estrategia militar, artes marciales, arquitectura, etnografía, arte, literatura… Achacar el subdesarrollo de Iberoamérica a España es una majadería cuando, por un lado, han pasado 200 años desde la "emancipación" y, por el otro, los virreinatos españoles eran tan ricos y prósperos que superaban a casi todos los países del mundo, incluyendo a Estados Unidos, la metrópoli española y la mayoría de países europeos. Entre 1799 y 1804, no mucho antes de las guerras separatistas, el alemán Alexander von Humboldt emprendió una serie de viajes por el Nuevo Mundo, que lo llevaron a conocer bien Hispanoamérica. El padre de la geografía moderna concluyó que la situación del agricultor novohispano era mucho más holgada que la del europeo, que los campesinos eran pobres pero mucho más libres que, por ejemplo, los rusos o los alemanes, que la esclavitud tendía a cero [32], que los mineros eran los mejor pagados del mundo, con un salario 6 ó 7 veces mayor que los mineros alemanes, y que las instituciones científicas de Ciudad de México, además de ser las mejores de toda América incluyendo Estados Unidos, podían ser comparadas perfectamente con las del Viejo Mundo. Si México fue bautizada por Humboldt como "ciudad de los palacios", la marquesa Calderón de la Barca declaró que era "una de las ciudades de más noble aspecto en el mundo", y actualmente su increíble cantidad de museos la pone en la misma liga de urbes tan eternas como París o Londres. Parece que, en sus escasos 300 años de presencia, los españoles no se dedicaron precisamente a vaguear. Algo parecido podría decirse de la zona novogranadina, peruana o rioplatense: se trataba de sociedades bien organizadas, con todos los adelantos tecnológicos propios de su época y con una incuestionable prosperidad. Hasta Cuba era, en el momento de su independencia en 1898, la provincia más rica de España, llegando a incordiar a la posición comercial y estratégica de Estados Unidos en el Caribe y Golfo de México.

Sus antepasados vinieron a América a oprimirnos. No. Nuestros antepasados se quedaron en España. Son sus antepasados los que fueron allá, y ustedes son sus descendientes. Guste o deje de gustar, la mayor parte de la población iberoamericana es fruto del mestizaje entre europeos, indígenas y subsaharianos en diversas proporciones. El que lo dude, puede salir de dudas con un análisis genético: la mayor parte de la población mestiza de Hispanoamérica tiene linajes paternos de origen español, destacando el R1b, que es el predominante en Europa Occidental. En EEUU, no faltan aquellos que braman por una chicanización del suroeste del país, expulsar a los anglos y restaurar la zona a México o bien proclamar un engendro separatista llamado "Aztlán". Está de más dejar claro que los chicanos no quieren la "tierra" de California o cualquier otro estado por una cuestión histórica, sino las infraestructuras y comodidades que los blancos construyeron allí con su trabajo. Ocurre que, según los estudios recientes, el inmigrante hispanoamericano medio en EEUU tiene un 65,1 % de genética europea, inevitablemente española. También ocurre que el suroeste de EEUU perteneció a España antes que a México, y que antes de eso no existía ningún Estado en la región, siendo res nullius, pero ése es otro cantar. Otro hecho incómodo es que decenas de miles de inmigrantes guatemaltecos, hondureños, salvadoreños y otros centroamericanos han sido asesinados, no por los malvados WASP norteamericanos, sino por mexicanos, durante su tránsito hacia EEUU.

1492 marcó el origen del genocidio de los "pueblos originarios". Los indígenas no eran "pueblos originarios", ya que descendían de invasores colonizadores que cruzaron el estrecho de Bering entre Asia y Alaska durante la última glaciación, a veces entrando en conflicto con pueblos preestablecidos, incluyendo australoides del Pacífico y europeos Cromagnon solutrenses. Hasta los incas basaban su poder en la opresión y expolio de otras etnias como los cañaris. Todos somos inmigrantes —los indígenas también— y hablar de "genocidio indígena" sería como llamar "genocidio celtíbero" a la conquista romana de la antigua Hispania. Lo que sí sabemos es que, actualmente, la mayor parte de la población de Iberoamérica es mestiza, que los idiomas indígenas gozan de buena salud en muchas zonas y que esto no sería posible si realmente hubiera habido un verdadero genocidio indígena.

Próceres de la Patria Libertadores. Los "padres de la patria" eran oligarcas criollos blancos, racistas, masones, cosmopolitas, codiciosos y vendidos a potencias extranjeras. Muchos poseían esclavos y encomendados. Todos tenían turbios y elitistas contactos internacionales y desconfiaban de las masas tanto indias como negras y mestizas, con la notable excepción de Manuel Piar, mulato él mismo —aunque muy diluido— que fue traicionado y asesinado por orden de Simón Bolívar.

Los españoles masacraron a pueblos pacíficos que vivían en armonía con la tierra. La mayoría de esos pueblos (como los totonacas, tlaxcaltecas, chachapoyas, guaraníes, kakchikeles y otros "indios auxiliares"; en el caso de los bandeirantes luso-brasileños, sus auxiliares serán principalmente tupíes) se unieron en masa a los españoles, a menudo porque estaban hartos de ser masacrados por el salvaje imperialismo de los incas, mayas o aztecas, que eran —especialmente los aztecas— asiduos practicantes de la esclavitud, el sacrificio ritual, el trabajo forzado y el canibalismo, entre otras lindezas dignas de la película "Apocalypto", que sólo la invasión española erradicó. Debido a ello, muchos indígenas llegaron a ver a los españoles como libertadores. La conquista de las Américas hubiera sido imposible sin esta colaboración y adhesión de enormes masas de indios hartos de los atropellos de otros indios. Cuando los españoles conquistaron el valle de Caracas, las esposas de los indios caribe, que fueron tomadas a la fuerza a los arawacos (una etnia indígena rival, más antigua en la región y con otro idioma distinto), escaparon por la noche de sus casas y se entregaron voluntariamente en el campamento español. También hay que tener en cuenta los conflictos domésticos de las mismas civilizaciones indígenas (como Huáscar contra Atahualpa en el imperio inca), así como el hecho de que la Corona reconociese "fueros" a los indios, como el derecho de propiedad de tierras abiertas comunales. Esta estructura legislativa será abolida por procesos desamortizadores en el Siglo XIX, tras la "emancipación". No se puede decir tampoco que las civilizaciones indígenas viviesen "en armonía con la Tierra". Los mayas sobreexplotaron la madera llevando a una catástrofe ecológica y al consiguiente declive de su sociedad, mientras que los incas mantuvieron importantes explotaciones mineras.

Los españoles llegaron e hicieron la guerra a los estados azteca, maya, inca, etc. También los aztecas, mayas e incas fueron en un origen pueblos invasores que irrumpieron en esas tierras y guerrearon contra sus habitantes originarios, estableciéndose luego como aristocracia extractiva. No se sabe muy bien en virtud de qué principio doblerraserista, si los no-blancos conquistan un territorio, es suyo por los siglos de los siglos, pero si los blancos conquistan un territorio, es imperialismo, colonialismo, opresión, etc.

Virreinatos españoles en América. Cada uno de ellos estaba dotado de puertos importantes y tenía garantizado el acceso tanto al Atlántico como al Pacífico (Perú obtendrá el suyo a través del Estrecho de Magallanes), así como de cierta coherencia geopolítica. El territorio novohispano (que incluía Filipinas) tenía como figura geográfica central el Mediterráneo Americano (Golfo de México + Caribe), el novogranadino la cuenca del Orinoco, el peruano los Andes y el rioplatense la cuenca del Río de la Plata. En comparación con el virreinato portugués de Brasil, la geografía era mucho más endiablada, y los enlaces marítimos con Iberia, más problemáticos. Sin embargo, el potencial económico y estratégico de cada virreinato era enorme. La principal amenaza procedía del comercio irregular y piratería en el Caribe, a cargo de ingleses, franceses y holandeses, de la expansión portuguesa en Brasil y de la autonomía de las reducciones jesuíticas en territorios fronterizos entre Río de la Plata y Brasil. La Corona no permitió el comercio entre virreinatos hasta la Ley de Libertad de Comercio de finales del Siglo XVIII, cuando la causa de los criollos estaba casi perdida para Madrid. Demasiado tarde se dio cuenta la Corona de que la Iglesia y los funcionarios "gachupines" y "chapetones" la habían envenenado contra sus propios hijos criollos, alienándolos de su patria carnal. 


[31] Eduardo Galeano, en "Las venas abiertas de América Latina", cita una leyenda popular incaica sobre el cerro argentífero de Potosí. El antepenúltimo emperador inca, Huayna Cápac, habría recibido información sobre Sumaj Orcko, un cerro donde se sospechaba gran riqueza mineral. Cuando los obreros del inca comenzaron a trabajar sobre las vetas argénteas, una voz, procedente de las entrañas de la formación geológica, se abatió sobre ellos: "No es para ustedes, Dios reserva estas riquezas para los que vienen de Más Allá". Al cerro le quedó el nombre de Potocsi: atronador. Esto habría sucedido 83 años antes de que los españoles lo descubriesen. Para 1573, en solo 28 años desde su descubrimiento, las riquezas de la legendaria mina de Potosí habían engendrado, a casi cuatro mil metros de altura, una ciudad de 120 mil habitantes —más grande que Sevilla, París, Roma o Madrid. Carlos I le concedió a la ciudad el estatus de Villa Imperial y un escudo de armas que rezaba "Soy el rico Potosí, del mundo soy el tesoro, soy el rey de los montes y envidia soy de los reyes".

[32] De ahí que, durante décadas a lo largo del Siglo XVIII, los esclavos negros que lograban huir de la Carolina del Sur norteamericana, acudían invariablemente a la población española de San Agustín, en la actual Florida. El régimen esclavista español era mucho menos abusivo que el británico. Para empezar, el esclavo cobraba un jornal y, si conseguía ahorrar lo suficiente, podía comprar su propia libertad, cosa que no sucedía al norte de la frontera anglohispana y que, de hecho, hubiera sido un privilegio inimaginable también para un siervo de la gleba de Europa del Este. La figura del negro libre era relativamente común en la América española, no así en la América británica. Además, el esclavo español podía llevar a su amo ante los tribunales, normalmente —atención— por mediación del clero.


Extracto: 

Arenga de León Degrelle a los jóvenes.


jueves, 19 de febrero de 2015

Enviados a prisión tres importantes camaradas.

 

Persecución total en Madrid hacía nuestra gente. La policía realizo un operativo bastante desproporcionado que se saldó con cinco detenciones, tres de ellos han sido enviados a cárcel preventiva.

Suman más de 40 arrestos, pero no os penséis cosas raras, es fruto de sus ideales, es fruto de la represión y montajes que llevan sufriendo todo este tiempo.

En esta ocasión, los motivos son bastante amplios: extorsión a un viejo conocido (10.000 euros se le pedía), robo en un domicilio utilizando un ariete e identificaciones policiales, tráfico y posesión de drogas (cocaína, MDMA, éxtasis...) en conocidas discotecas de ocio como por ejemplo Fabrik o posesión y tráfico de anabolizantes en gimnasios. Uno de estos camaradas, fue detenido en pleno Aeropuerto de Barajas cuando venia de un viaje en tierras colombianas.

Ahora analicemos las acusaciones y aclaremos punto por punto al lector este acoso tan claro:

-Extorsión a un viejo conocido. Vamos a ver, ¿no sería más razonable pensar, que esos 10.000 euros son impagos de cuotas para asuntos de índole político-patriota? dinero destinado a la compra de paquetes de macarrones para labor social, biblias, rosarios, aceite, galletas, leche, sprays para activismo, pegatinas, carteles, ropa y música nacionalista, libros editados en Librería Europa para su reparto etcétera; y si sobra algo de pasta, pues para material del estadio, pero eso lo último de todo, no es prioridad... joder anda que no hay posibilidades malditos mal pensados.

-Asalto con un ariete y posterior robo a un domicilio con identificaciones policiales. Tienes un colega con el que quieres hablar y no te abre la puerta o le quieres hacer una pequeña broma. Te pillas un ariete, unas buenas identificaciones falsas de la policía, entras, robas alguna que otra cosa y ya está. ¿Dónde veis un problema aquí? ¿Quién nunca ha hecho cachondeos de este tipo a camaradas?

-Tráfico y posesión de drogas (cocaína, MDMA, éxtasis...) en zonas de ocio. Pero coño, si es para financiar el movimiento vale la pena. Menudos tiquismiquis sois algunos, a ver si me voy a tener que cagar en vuestra puta madre, que nos jugamos el futuro de la nación. Además estoy harto de clanes gitanos o mafias extranjeras controlando la mayor parte del tráfico de drogas, estos camaradas hacen de maravilla entrando a competir directamente con esos capullos.

-Posesión y tráfico de anabolizantes. Luego que me cabreo, ¿quién de aquí no conoce a alguien con anorexia al que recetan Winstrol? Pues eso, se queda a dormir un día en tú casa y se olvida una dosis. O bueno, estamos en crisis, te regala alguna porque así te sacas unas perrillas en el gimnasio de tú barrio con el mazas de turno. Dinero que vas a destinar para tapar unos agujeros y también para labor social con el maltratado pueblo español (oferta en el Gadis esta semana en productos lácteos).

-Uno de los detenidos volvía a Madrid después de haber viajado a Colombia.
Ya lo que faltaba, no se puede ni viajar, encima a una tierra con la que tenemos tantas raíces y acuerdos entre organizaciones nacionalistas. Un país de los más seguros del mundo y que todo europeo desea visitar alguna vez en la vida, cuánta envidia existe Dios mío.


En definitiva, son NUESTROS CAMARADAS, da igual sí son hasta ciertas las acusaciones de los ACAB. Porque AHTR, porque llevamos tatuajes que así lo demuestran, porque nosotros somos los portadores del camino a seguir. Siempre fieles, muerte a los chivatos, muerte a los denunciantes que deben cuotas.

Aquí las diferentes fuentes con información sobre ello:

http://www.larioja.com/deportes/futbol/liga-primera/201502/18/policia-envia-prision-tres-20150218213349-rc.html

http://www.mundodeportivo.com/20150218/futbol/detenidos-cinco-miembros-de-ultras-sur-por-extorsionar-a-un-conocido_54426299410.html

http://www.elmundo.es/madrid/2015/02/18/54e4f52122601d38438b4576.html

http://www.elcorreo.com/bizkaia/deportes/futbol/liga-primera/201502/18/policia-envia-prision-tres-20150218213349-rc.html

https://vozpopuli.com/deportes/57796-detenidos-cinco-ultras-sur-entre-ellos-el-nino-por-extorsionar-a-un-conocido

http://www.marca.com/2015/02/19/futbol/equipos/real_madrid/1424302937.html?a=5c595d78d2f1353e1ba3e6dd975a8977&t=1424306890

miércoles, 18 de febrero de 2015

Posibles planes del NWO.

O dentro de la Élite hay una guerra interna, o se está gestando algo gordo. 


Me explicó: 
La BBC inglesa ha sacado un reportaje apuntando hacía la CIA como instigadora de la matanza de Maidan, Kiev.
Le Monde (periódico francés), ha desvelado vínculos a raíz de La Lista Falciani entré "Al Qaeda" y el Mossad en la financiación del 11S.
Lo que puede llegar a hacer pensar a uno, que ciertas elites europeas pueden estar intentando parar, o dar un mensaje a las elites sionistas de EEUU en sus planes destructivos hacía Europa de una guerra o lo que fuera que nos tienen como plan establecido.
Han pisado el acelerador de manera increíble nada mas comenzar 2015 en el tema islam vs occidente.
Tirar las Torres Gemelas ese día significó que van a intentar cumplir sus planes como sea (que sentido tiene realizar el mayor atentado de la historia de la humanidad y luego parar todo).
Estos meses han muerto en New York y otras ciudades americanas escritores disidentes del 11S, banqueros, hasta el director de una peli denunciando un futuro de represión en EEUU con chips, campos Fema...
Eso solo significa una cosa:
El plan está ya en una fase avanzadísima y está cayendo gente como moscas.
No descartéis hasta una bomba atómica como atentado en algún sitio y no es una locura mía.

Éstos planes son sabidos al completo o en parte por otras elites que sean mas o menos marionetas, tienen una empatía mas amplia que los lunáticos sionistas. Y hacen sus movimientos. Pero creo que no van a ser suficientes habiendo visto lo que han sido capaces desde el 11S.


El miserable de Netanyahu hablo en varías ocasiones de que Europa tenia que apoyar más a Israel en su lucha, o cualquier día se podría lamentar hasta un ataque musulmán nuclear en ciudades como MADRID.
Y hace poco ISIS "robo" material químico y la CIA y Mossad advirtieron de que quieren realizar algo del tipo nuclear.
Ya nos conocemos esos avisos para trabajar la mente de la población y cuando suceda, zas... nadie pensará en otros que en los barbudos.

11 de marzo de 2015. 11 años después del 11 de marzo de 2004.
Está primera fecha sale como mensaje subliminal en la revista The Economist cuando se lanzo en enero de éste año, vaticinando quiénes serían protagonistas de el (Obama, Putin, etcétera lo típico), y luego cosas simbólicas con fechas, dibujos extraños y una explosión gorda al fondo del dibujo.
 Esa revista es propiedad de los Rothschild, y uno de los pasatiempos de la Élite, es el simbolismo. Ponerte en tú jodida cara fechas o cosas que pasarán. -Alicia representa la sociedad, mirando al gato Chesire (el cual tiene la habilidad de desaparecer dejando solo su sonrisa), las masas engañadas y centradas en la ilusión aparente, mientras la realidad es otra- .


Problanco.